domingo, 31 de julio de 2011

El “renegado” Kautsky y su discípulo Lenin (J. Barrot)

Postafcio a "Las tres fuentes del marxismo" de Karl Kautsky, de la edición de 1977 realizada por Ediciones Espartaco. El artículo en .pdf se puede encontrar AQUÍ. La siguiente versión corresponde a la revista Comunismo Nº 56 (del GCI), tomada del blog punkfreejazzdub.
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El “renegado” Kautsky y su discípulo Lenin 
Jean Barrot

“Las tres fuentes del Marxismo; la obra histórica de Marx” presenta un interés histórico evidente. Kautsky era incontestablemente el maestro del pensamiento de la II Internacional y de su partido más potente: el partido socialdemócrata alemán. Guardián de la ortodoxia, Kautsky era casi universalmente considerado como el mejor conocedor de la obra de Marx y Engels, y como su intérprete privilegiado. Las posiciones de Kautsky son por tanto testimonio de toda una época del movimiento obrero, y merecen ser conocidas, aunque sólo sea a este título. Esta conferencia trata precisamente de una cuestión central para el movimiento proletario: la relación entre la clase obrera y la teoría revolucionaria. La respuesta que da Kautsky a esta cuestión constituye el fundamento teórico de la práctica y de la organización de todos los partidos que constituían la II Internacional, y por tanto, del partido socialdemócrata ruso y de su fracción bolchevique, miembro “ortodoxo” de la II Internacional hasta 1914, es decir, hasta su hundimiento frente a la primera guerra mundial.

Sin embargo, las tesis desarrolladas por Kautsky en este folleto no se han “hundido” al mismo tiempo que la II Internacional. Muy al contrario, han sobrevivido y constituido igualmente el fundamento de la III Internacional por medio del “leninismo” y de sus avatares estalinistas y trotskistas.

¡El leninismo, subproducto ruso del kautskismo! He ahí lo que hará sobresaltarse a aquellos que no conocen de Kautsky más que los anatemas lanzados contra él por el bolchevismo y, en particular, el folleto de Lenin: La bancarrota de la II Internacional y el renegado Kautsky, y que no conocen de Lenin más que lo que es bueno conocer de él en las diferentes iglesias, capillas o sacristías que frecuentan.

No obstante, el título mismo del folleto de Lenin define muy exactamente su relación con Kautsky. Si Lenin trata a Kautsky de renegado, es ciertamente porque considera que éste era antes un adepto de la verdadera fe, de la que él se considera ahora el único defensor calificado. Lejos de criticar el “kautskismo”, al que se considera incapaz de identificar, Lenin se contenta de hecho con reprochar a su antiguo maestro del pensamiento el traicionar su propia doctrina. Desde cualquier punto de vista, la ruptura de Lenin fue a la vez tardía y superficial. Tardía porque Lenin mantuvo las ilusiones más grandes acerca de la socialdemocracia alemana, y no comprendió sino después que la traición hubo sido consumada. Superficial porque Lenin se limita a romper sobre los problemas del imperialismo y de la guerra, sin remontarse a las causas profundas de la traición socialdemócrata de agosto de 1914 ligada a la naturaleza misma de estos partidos y de sus relaciones tanto con la sociedad capitalista como con el proletariado. Estas relaciones deben ser vueltas a llevar, a su vez, al movimiento mismo del capital y de la clase obrera, y comprendidas como fase del desarrollo del proletariado, y no como una cosa susceptible de ser modificada por la voluntad de una minoría, ni siquiera de una dirección revolucionaria, por muy consciente que sea.

De ahí se deriva la importancia actual de las tesis que Kautsky desarrolla en este folleto de modo particularmente coherente, y que constituye el tejido mismo de su pensamiento a lo largo de toda su vida, y que Lenin recoge y desarrolla desde 1900 en Los objetivos inmediatos de nuestro movimiento y después en ¿Qué hacer? en 1902, en que, por lo demás, cita larga y elogiosamente a Kautsky. En 1913, Lenin recuperará nuevamente estas concepciones en Las tres fuentes y las tres partes constitutivas del Marxismo en donde desarrolla los mismos temas repitiendo a veces palabra por palabra el texto de Kautsky.

Estas tesis, basadas en un análisis histórico superficial y sumario de las relaciones de Marx y Engels, tanto con el movimiento intelectual de su época como con el movimiento obrero, pueden resumirse en pocas palabras, y algunas citas bastarán para esclarecer su sustancia:
“Un movimiento obrero espontáneo y desprovisto de toda teoría que se erige, en las clases trabajadoras, contra el capitalismo creciente, es incapaz de realizar… el trabajo revolucionario.”

Por eso es necesario realizar lo que Kautsky llama La unión del movimiento obrero y del socialismo.

Ahora bien: “La conciencia socialista hoy (!?) no puede surgir sino sobre la base de un profundo conocimiento científico… Ahora bien, el portador de la ciencia no es el proletariado, sino los intelectuales burgueses; …así pues, la conciencia socialista es un elemento importado desde fuera dentro de la lucha de clase del proletariado y no algo que surge espontáneamente”. Estas palabras de Kautsky son, según Lenin, “profundamente justas”.

Cae de su peso que esta unión tan deseada del movimiento obrero y del socialismo no podía realizarse de la misma manera en las condiciones alemanas y en las condiciones rusas. Pero es importante ver que las divergencias profundas del bolchevismo en el terreno organizativo no resultan de concepciones diferentes, sino tan sólo de la aplicación de los mismos principios en situaciones políticas, económicas y sociales diferentes.

De hecho, lejos de desembocar en una unión cada vez más grande del movimiento obrero y del socialismo, la socialdemocracia no desembocará sino en una unión cada vez mayor con el capital y con la burguesía. En cuanto al bolchevismo, después de haber estado en la revolución rusa como pez en el agua (“Los revolucionarios están en la revolución como el agua en el agua”) y por el hecho del fracaso de ésta, acabará en una fusión casi completa con el capital estatal administrado por una burocracia totalitaria.

Sin embargo, el “leninismo” continúa atormentando la conciencia de muchos revolucionarios de más o menos buena voluntad, en la búsqueda de una receta susceptible de triunfar. Persuadidos de ser “de vanguardia” porque tienen la “conciencia” mientras que no poseen sino una teoría falsa, militan para unir esos dos monstruos metafísicos que son “Un movimiento obrero espontáneo, despojado de toda teoría” y una conciencia socialista desencarnada.

Esta actitud es simplemente voluntarista. Ahora bien, si como ha dicho Lenin, “La ironía y la paciencia son las principales cualidades del revolucionario”, “la impaciencia es la principal fuente del oportunismo” (Trotsky). El intelectual, el teórico revolucionario no tiene que preocuparse de ligarse a las masas, pues si su teoría es revolucionaria, ya está ligado a las masas. No tiene que “elegir el campo del proletariado” (no es Sartre quien utiliza este vocablo, es Lenin) pues, hablando con propiedad, no puede elegir. La crítica teórica y práctica de que es portador está determinada por la relación que mantiene con la sociedad. No puede liberarse de esta pasión más que sometiéndose a ella (Marx). Si “puede elegir” es que ya no es revolucionario, y que su crítica teórica está ya manida. El problema de la penetración de las ideas revolucionarias que comparte en ambiente obrero es, por ahí mismo, transformado totalmente: cuando las condiciones históricas, la relación de fuerzas entre las clases en lucha, principalmente determinada por el movimiento autonomizado del capital, prohíben toda irrupción revolucionaria del proletariado en la escena de la historia, el intelectual hace como el obrero: lo que puede. Estudia, escribe, da a conocer sus trabajos lo mejor que puede, generalmente bastante mal. Cuando estudiaba en el Museo Británico, Marx, producto del movimiento histórico del proletariado, estaba ligado, si no a los trabajadores, al menos al movimiento histórico del proletariado. No estaba más aislado de los trabajadores que cualquier trabajador lo está a su vez de los demás, en la medida en que las condiciones del momento limitan sus relaciones a aquellos que el capitalismo permite.

Por contra, cuando el proletariado se constituye en clase y declara de una manera u otra la guerra al capital (y no tiene ninguna necesidad de que se le aporte EL SABER para hacerlo, pues al no ser él mismo, en las relaciones de producción capitalista, más que capital variable, basta que quiera cambiar aunque sea un poco su condición, para estar de lleno en el corazón del problema que el intelectual tendrá dificultad en entender) el revolucionario no está ni más ni menos ligado al proletariado de lo que ya lo estaba. Pero la crítica teórica se fusiona entonces con la crítica práctica, no porque se la ha aportado desde el exterior, sino porque son una sola y misma cosa.

Si en el período precedente el intelectual tuvo la debilidad de creer que el proletariado permanecía pasivo porque le faltaba la “conciencia” y si había llegado a creerse “de vanguardia” hasta el punto de querer dirigir al proletariado, entonces se reserva amargas decepciones.

Esta es, sin embargo, la concepción que constituye lo esencial del leninismo, y es lo que muestra la historia ambigua del bolchevismo. Estas concepciones sólo han podido mantenerse finalmente porque la revolución rusa ha fracasado, es decir, porque la relación de fuerzas a escala internacional entre el capital y el proletariado no ha permitido a este último hacer su crítica práctica y teórica.

Es lo que vamos a intentar mostrar analizando someramente lo que ha pasado en Rusia y el papel real del bolchevismo.

Al creer ver en los círculos revolucionarios rusos el fruto de “la unión del movimiento obrero y del socialismo”, Lenin se equivocaba gravemente. Los revolucionarios organizados en los grupos socialdemócratas no aportaban ninguna “conciencia” al proletariado. Bien entendido, una exposición o un artículo teórico sobre el marxismo era muy útil a los obreros: no servía para dar la conciencia, el conocimiento de la lucha de clases, sino solamente para precisar las cosas, para hacer reflexionar más. Lenin no comprendía esta realidad. No sólo quería aportar a la clase obrera el conocimiento de la necesidad del socialismo en general, sino que quería igualmente ofrecerle consignas imperativas que expresasen lo que debe hacer en un momento preciso. Por lo demás, esto es normal, puesto que el partido de Lenin, depositario de la conciencia de clase, es, 1º, el único capaz de discernir el interés general de la clase obrera por encima de todas sus divisiones en capas diversas, y 2º, el único capaz de analizar permanentemente la situación y formular consignas adecuadas. Ahora bien, la revolución de 1905 debía mostrar la incapacidad práctica del partido bolchevique para dirigir a la clase obrera y revelar el retraso del partido de vanguardia. Todos los historiadores, incluso favorables a los bolcheviques, reconocen que en 1905 el partido bolchevique no ha comprendido nada de los soviets. La aparición de formas de organización nuevas suscita la desconfianza de los bolcheviques: Lenin afirma que los soviets no eran “ni un parlamento obrero ni un órgano de autogobierno proletario”. Lo importante es ver que los obreros rusos no sabían que iban a constituir los soviets. Una minoría muy pequeña de entre ellos conocía la experiencia de la Comuna de París, y sin embargo crearon un embrión de Estado obrero, a pesar de que nadie les había educado. La tesis kautskista-leninista niega de hecho todo poder de creación original a la clase obrera desde el momento en que no es guiada por el partido-fusión-del-movimiento- obrero-y-del-socialismo. Ahora bien, se ve que en 1905, para retomar la frase de las “Tesis de Feuerbach”, “que el educador necesita ser educado él mismo”.

Sin embargo, Lenin realizó un trabajo revolucionario (entre otros, su posición sobre la guerra), al contrario que Kautsky. Pero en realidad Lenin no fue revolucionario más que contra su teoría de la conciencia de clase. Tomemos el caso de su acción entre febrero y octubre de 1917. Lenin había trabajado más de 15 años (desde 1900) para crear una organización de vanguardia que realizase la unión del “socialismo” y del “movimiento obrero”, agrupando a los “jefes políticos”, los “representantes de vanguardia capaces de organizar el movimiento y dirigirlo”. Ahora bien, en 1917, como en 1905, esta dirección política, representada por el comité central del partido bolchevique, se muestra por debajo de las tareas del momento, con retraso con respecto a la actividad revolucionaria del proletariado. Todos los historiadores, comprendidos los historiadores estalinistas y trotskistas, muestran que Lenin tuvo que librar un combate largo y difícil contra la dirección de su propia organización para hacer triunfar sus tesis. Y no pudo triunfar más que apoyándose en los obreros del partido, en la verdadera vanguardia organizada en las fábricas en el interior o alrededor de los círculos socialdemócratas. Se dirá que todo esto habría sido imposible sin la actividad desarrollada durante años por los bolcheviques, tanto en el ámbito de las luchas cotidianas de los obreros como en el de la defensa y propaganda de las ideas revolucionarias. Efectivamente, la gran mayoría de los bolcheviques, y en primer lugar Lenin, han contribuido con su propaganda y su agitación incesantes al levantamiento de octubre de 1917. En tanto que militantes revolucionarios, han jugado un papel eficaz: pero en tanto que “dirección de la clase”, “vanguardia consciente”, han estadoretrasados respecto al proletariado. La revolución rusa se ha desarrollado contra las ideas de “¿Qué hacer?”. Y en la medida en que estas ideas han sido aplicadas (creación de un órgano que dirige a la clase obrera pero separado de ella), se han revelado como un freno y un obstáculo a la revolución. En 1905, Lenin está en retraso respecto a la historia porque se aferra a las tesis de “¿Qué hacer?”. En 1917, Lenin participa en el movimiento real de las masas rusas, y al hacer esto rechaza –en la práctica- la concepción desarrollada en “¿Qué hacer?”.

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Si aplicamos a Kautsky y a Lenin el tratamiento inverso del que ellos hacen sufrir a Marx, si ligamos sus concepciones a la lucha de clases en lugar de separarlas de ella, el kautskismo-leninismo aparece como característica de todo un período de la historia del movimiento obrero dominado en primer lugar por la II Internacional. Después de haberse desarrollado y organizado mal que bien, el proletariado se encuentra desde el final del siglo XIX en una situación contradictoria. Posee diversas organizaciones cuyo fin es hacer la revolución y al mismo tiempo es incapaz de hacerla pues las condiciones no están todavía maduras. El kautskismo-leninismo es la expresión y la solución de esta contradicción. Al postular que el proletariado debe pasar por el rodeo del conocimiento científico para ser revolucionario, consagra y justifica la existencia de organizaciones que encuadran, dirigen y controlan al proletariado.

Como hemos señalado, el caso de Lenin es más complejo que el de Kautsky, en la medida en que Lenin fue, durante una parte de su vida, revolucionario contra el kautskismo-leninismo. Por lo demás, la situación de Rusia era totalmente diferente de la de Alemania, que poseía casi un régimen de democracia burguesa y en donde existía un movimiento obrero fuertemente desarrollado e integrado en el sistema. En Rusia, por el contrario, hacía falta construirlo todo, y no se trataba de participar en actividades parlamentarias burguesas y sindicales reformistas que no existían. En estas condiciones, Lenin podía adoptar una posición revolucionaria a pesar de sus ideas kautskistas. No obstante, hay que señalar que él consideró hasta la guerra mundial a la socialdemocracia alemana como un modelo.

En sus historias revisadas y corregidas del leninismo, los estalinistas y los trotskistas nos muestran a un Lenin lúcido que comprende bien y denuncia antes de 1914 la “traición” de la socialdemocracia y de la Internacional. Eso es pura leyenda y haría falta estudiar bien la verdadera historia de la II Internacional para mostrar que no sólo Lenin no lo denunciaba, sino que no había comprendido nada antes de la guerra sobre el fenómeno de degeneración socialdemócrata. Antes de 1914, Lenin elogia incluso al partido socialdemócrata alemán por haber sabido reunir el “movimiento obrero” y el “socialismo” (ver “¿Qué hacer?”). Citemos solamente estas líneas extraídas del artículo necrológico “Augusto Bebel” (que contiene, por lado, varios errores de detalle y de fondo sobre la vida de este “dirigente”, este “modelo de jefe obrero” y sobre la historia de la II Internacional).

“Las bases de la táctica parlamentaria de la socialdemocracia alemana (e internacional), que no cede un ápice a los enemigos, que no deja escapar la menor posibilidad de conseguir una mejora, por pequeña que sea, para los obreros, que se muestra al mismo tiempo intransigente en el plano de los principios y se orienta siempre hacia la realización del objetivo final, las bases de esta táctica fueron puestas a punto por Bebel…”

Lenin dirigía estas alabanzas a “la táctica parlamentaria de la socialdemocracia alemana (e internacional), “intransigente en el plano de los principios” (!) ¡en agosto de 1913! Cuando un año más tarde creyó que el número del Vorwärts (órgano del partido socialdemócrata alemán), anunciando el voto de los créditos de guerra por los diputados socialdemócratas, era una falsificación fabricada por el estado mayor alemán, solamente revelaba las ilusiones que había mantenido durante largo tiempo, de hecho desde 1900-1902, desde “¿Qué hacer?”, sobre la Internacional en general y la socialdemocracia alemana en particular. (No abordamos aquí la actitud de otros revolucionarios frente a estas cuestiones, Rosa Luxemburgo, por ejemplo. Este problema merecería de hecho un estudio detallado).

Hemos visto cómo Lenin había abandonado en la práctica las tesis de “¿Qué hacer?” en 1917. Pero la inmadurez de la lucha de clases a escala mundial, y en particular, la ausencia de revolución en Europa, conlleva la derrota de la revolución rusa. Los bolcheviques se encuentran en el poder con la tarea de “administrar Rusia” (Lenin), de realizar las tareas de la revolución burguesa que no ha podido llevarse a cabo, es decir, de hecho, asegurar el desarrollo de la economía rusa, no pudiendo ser este desarrollo más que capitalista. Meter en cintura a la clase obrera –y las oposiciones dentro del partido- se convierte en un objetivo esencial. Lenin, que no había rechazado “¿Qué hacer?” explícitamente en 1917, recupera enseguida las concepciones “leninistas” que son las únicas permiten el encuadramiento “necesario” de los obreros. Los Centralistas-demócratas, la Oposición obrera y el Grupo obrero son aplastados por haber negado “el papel dirigente del partido”. La teoría leninista del partido es igualmente impuesta a la Internacional. Después de la muerte de Lenin, Zinoviev, Stalin y tantos otros debían desarrollarla insistiendo cada vez más en la “disciplina de hierro”, “la unidad del pensamiento y la unidad de acción”: mientras que el principio sobre el que reposaba la Internacional estalinizada era el mismo que el que cimentaba los partidos socialistas reformistas (el partido separado de los trabajadores que les aporta la conciencia de sí mismos), cualquiera que rechazase la teoría leninista-estalinista caía en “el marasmo oportunista, socialdemócrata, menchevique…”. Por su parte, los trotskistas se aferraban al pensamiento de Lenin y recitaban “¿Qué hacer?”. La crisis de la humanidad no es otra que “la crisis de la dirección”, decía Trotsky: había que crear, por tanto, a cualquier precio una dirección. Supremo idealismo, la historia del mundo era explicada por la crisis de la conciencia.

En definitiva, el estalinismo no debía triunfar sino en los países en que el desarrollo del capitalismo no podía ser asegurado por la burguesía, sin que estuviesen reunidas las condiciones para que el movimiento obrero pudiese destruirlo. En Europa del Este, en China, en Cuba, se ha formado un grupo dirigente nuevo, compuesto de cuadros del movimiento obrero burocratizado, de antiguos especialistas o técnicos burgueses, a veces de cuadros del ejército o antiguos estudiantes incorporados al nuevo orden social como en China. En último análisis, un tal proceso no era posible más que en razón de la debilidad del movimiento obrero. En China, por ejemplo, la capa social motriz de la revolución fue el campesinado, incapaz de dirigirse a sí mismo, no podía sino ser dirigido por “el partido”. Antes de la toma del poder, este grupo organizado en “el partido” dirige las masas y las “regiones liberadas” si las hay. Después, toma en sus manos el conjunto de la vida social del país. En todas partes las tesis de Lenin han sido un potente factor burocrático. Para Lenin, la función de dirección del movimiento obrero era una función específica asegurada por “jefes” organizados separadamente del movimiento y cuyo único papel es ése. En la medida en que preconizaba un cuerpo separado de revolucionarios profesionales que guían a las masas, el leninismo ha servido de justificación ideológica a la formación de direcciones separadas de los trabajadores. En este estadio, el leninismo, desviado de su contexto original, ya no es más que una técnica de encuadramiento de las masas y una ideología que justifica la burocracia y sostiene al capitalismo: su recuperación era una necesidad histórica para el desarrollo de estas nuevas formaciones sociales que representan a su vez una necesidad histórica para el desarrollo del capital. A medida que el capitalismo se extiende y domina el planeta entero, las condiciones de posibilidad de la revolución maduran. La ideología leninista comienza a estar fuera de uso, en todos los sentidos de la palabra.

Es imposible examinar el problema del partido sin ligarlo a las condiciones históricas en las cuales este debate nace: en todos los casos, aunque bajo formas diferentes, el desarrollo de la ideología leninista es debido a la imposibilidad de la revolución proletaria. Si la historia ha dado la razón al kautskismo-leninismo, si sus adversarios jamás han podido ni organizarse de un modo duradero ni siquiera presentar una crítica coherente de él, no es debido a la casualidad: el éxito del kautskismo-leninismo es un producto de nuestra época y los primeros ataques serios – prácticos- contra él marcan el fin de todo un período histórico. Para ello hacía falta que el modo de producción capitalista se desarrollase ampliamente a escala del mundo entero. La revolución húngara de 1956 ha doblado las campanas por todo un período de contrarrevolución, pero también de maduración revolucionaria. Nadie sabe cuándo será definitivamente superado este período, pero es seguro que la crítica de las tesis de Kautsky y de Lenin, productos de esta época, se hace desde entonces posible y necesaria. Por esta razón hemos tenido empeño en reeditar “Las tres fuentes del marxismo, la Obra histórica de Marx”, para mejor dar a conocer y comprender lo que fue, lo que todavía es, la ideología dominante de todo un período. Lejos de querer disimular las ideas que condenamos y combatimos, queremos, por el contrario, difundirlas ampliamente a fin de mostrar simultáneamente su necesidad y su límite históricos.

Las condiciones que han permitido el desarrollo y el esplendor de organizaciones de tipo socialdemócrata o bolchevique están hoy superadas. En cuanto a la ideología leninista, además de su utilización por los burócratas en el poder, lejos de servir en las agrupaciones revolucionarias que se reclaman de la unión del socialismo y del movimiento obrero, no puede servir desde ahora más que para afirmar provisionalmente la unión de intelectuales mediocres y de trabajadores mediocremente revolucionarios.

martes, 26 de julio de 2011

Reflexiones necesarias ante los ataques represivos del Estado

Tomado del blog Violencia y Control Social


Qué dulce sabe el plomo de la cabeza del enemigo
Cuando protestar es un suicidio la respuesta es obvia.
Por Ariel Zúñiga Núñez

No ha muerto Recaredo Galvez, ninguna comisaría se ha adornado con su cuerpo acribillado... aún. Aún no ha muerto, aún no ha sido asesinado Recaredo, pero ¿cuánto falta? No será su cuerpo el que reciba la bala perdida, el golpe de sus propios compañeros exaltados, terroristas, violentistas como informará la prensa, en los días próximos, cuándo nos maten a un hermano, a un compañero, a un vecino.

Qué evidencias adicionales se requieren para entender que Carabineros de Chile es una organización ilícita terrorista que es amparada por jueces, por políticos de todos los colores, y en especial por este excrecente gobierno. Que concursan todos de algo que hacen llamar institucionalidad democrática, una entelequia que no posee reglas claras, ni escritas, ni conocidas por nadie más que por los cincuentamil ricachones que son dueños de esta franja angosta, nada más que un fundo para ellos.

En cada apaleada que nos propina un psicópata uniformado deducimos las mentadas reglas, ninguna de ellas mencionada en una constitución política que consagra la ley de la selva, la ley de Moraga, y la ley del embudo y aún así no se respeta ni en la letra, ni en la mera formalidad que están adoctrinados a hacer respetar, antes de cualquier consideración, la sarta de leguleyos que no son más que guardias de centros comerciales provincianos vestidos de trajes caros tejidos en poliéster. Sí, en poliéster, porque esta banda de buitres amancebada se encandila con la moda y su viveza sólo tiene un lugar en este fundo en donde son subsidiados intelectual y moralmente hasta el punto de posar por ciudadanos respetables.

Amaestrados para torcer la verdad cuantas veces sea necesario, compareciendo como espiritistas de la ley y así forzar su letra y su más caro, y obvio espíritu.

Y no son los peores.

Otros más limitados, incapaces de empinarse al rabo que succionan devotamente éstos, terminan de pacos o periodistas ¿Quien será el primero en darme una diferencia entre los de fusil y los de micrófono?
Y nosotros esperando el turno de ser tumbados, de que nuestra casa sea violentada, que nuestra biografía sea presentada como prontuario, que a un amigo, a un compañero, a nuestra amante, una bala acabe con su vida, un juicio montado le arrebate su vitalidad.

Estoy harto de los ultra pacifistas, mi cabeza será un trofeo para el enemigo porque no pienso regalárselas. No se las ofreceré como garantía de mis ideas delirantes o de una estúpida forma de comprender la consecuencia.

Yo soy humanista, defiendo a los humanos y sus métodos no a las bestias y los suyos. Y cuando pienso en la humanidad sé bien que ella la comprenden seis mil millones de personas y no los cincuentamil ricachones chilenos, ni su banda de asesinos de uniforme verde que son cincuentamil más.
¿Y porque ellos no son humanos? - Me pregunta el ultra pacifista.- No porque ellos te deshumanicen los vas a deshumanizar tu, es una manera que tienen de vencer en ti. De ese modo te convierten en un fascista y tu no te das cuenta.

Demasiado tiempo en pensar huevadas tienes señor pacifista. Tus mariconadas no califican de excusas, son conversaciones válidas a la hora del té mientras se juega canasta en la casa de tu suegra, pero no poseen ni el más mínimo asidero cuando te están apuntando con bala pasada.
En ese punto estamos, esperando que nos maten a un ser querido, ofreciéndoles nuestra vida no como trofeo sino que como un regalo, como el conejo cegado en la carretera y que hay que sacar con una espátula del parachoque. Eso somos, en eso nos hemos convertido. Lea bien, en eso nos hemos convertido, la culpa no es de los ricachones, ni de sus ejecutivos, ni de su corte de tinterilos, ni de los cincuentamil pacos.

La culpa ha sido y es nuestra. Juegan al tiro al blanco con nosotros porque nos hemos convertido en patos demasiado buenos.

Pierden el pulso, y aprietan la mano, porque están nerviosos pero no nos tienen miedo, sólo están nerviosos, y nos matarán a muchos mientras no recobren el control, y nos matarán a miles silenciosamente una vez que se reinstale la normalidad.

Qué estamos esperando para hacerlos cagarse en sus pantalones.

No quiero cobrar en sangre, ojo por ojo, palo por palo. Ello es torpe y moralmente es propio de las bestias uniformadas.

Juegan al tiro al blanco con nosotros porque somos cobardes y, también, porque nosotros no jugamos al tiro al blanco con ellos.

¿Me van a decir que los ricachones no tienen claro el lugar que ocupan en nuestro país y en nuestro planeta? ¿Me van a volver con mariconadas tales como que la verdad depende del cristal con que se mire?

Ellos no son humanos, ellos no son humanos, ellos no son humanos, ellos no son humanos.

Ellos son más que el enemigo, son la ofensa contra la humanidad, son la negación de todo diálogo, de toda racionalidad, de toda posibilidad de humanidad.

Y a estas alturas de la noche fría la vía se bifurca en dos caminos opuestos. O nos formamos en la fila de los patos y saboreamos el plomo que nos disparen en la cien o nos hacemos valientes y gloriosos y emprendemos la tarea de echarlos a patadas.

Pero antes de echarlos a patadas se debe matar no a uno sino que a varios pacos. No a uno sino que a varios de estos cincuenta mil ricachones.

No es por vendeta ni por justicia. Es, ha sido y seguirá siendo así la política. Son las reglas del juego.

Ellos no nos respetarán, nunca lo harán, por lo tanto deben temernos.

Y mientras más injusta sea la muerte, mientras más gratuita, mientras más al peo sea la muerte de ellos más profundo será el temor, el sucedáneo de respeto que podemos imponer, ese es el modo en que actúan a diario con nosotros.

No necesitamos pedir armas a Cuba y desembarcarlas en Carrizal. No necesitamos un ejército ni una organización. Tenemos todo lo que se necesita. Es la hora de devolver el fuego, incluso, es la hora de abrir el fuego antes de que nos reunamos en un funeral de un querido, de un humano.

Unos pacos muertos en la calle al peo, unos hijos de papá muertos al peo, veremos después de eso si se atreven a seguir tratándonos del modo en que lo hacen. No necesitamos magnicidios ni mártires, urge hacerlos sentir la incertidumbre de ser los próximos, la impotencia de ser víctimas gratuitas e inmerecidas.

Es la hora de saborear el dulce sabor del plomo en el cuerpo del enemigo.

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Información constante acerca del compa Reca, palabras de él mismo, más comunicados y declaraciones en apoyo: http://recalibre.blogspot.com/

sábado, 23 de julio de 2011

Solidaridad activa contra la represión estatal y sus montajes

Para frenar, castigar y encuadrar el desarrollo de diversos brotes de actividad social que entran en conflicto con la cotidianidad de la dictadura del capital, el accionar represivo estatal mediante montajes -el cual se sirve de la prensa oficial como su brazo inquisidor- suele desbordar a menudo su propia legalidad e incluso el sentido común más básico. Nuestra historia como clase es, lamentablemente, prolífica en ejemplos al respecto. Pero basta echar una rápida mirada al panorama nacional, para percibir claramente que esta práctica se está haciendo cada vez más común para los gobernantes de turno, en respuesta a la creciente agudización de ciertos conflictos sociales y al desarrollo de otros muchos focos. 14 compañeros y compañeras estuvieron tras la rejas por un un montaje ridículo, en el marco del denominado "caso bombas", y aún hoy corre riesgo su libertad pues el proceso en su contra sigue, a pesar de lo extremadamente débil de los argumentos de la fiscalía (ejecutora de las políticas represivas del estado). Estos últimos días, en el contexto de las protestas estudiantiles, en Santiago se ha criminalizado burdamente mediante la prensa a un joven por supuesto "maltrato y porte de material incendiario", luego de quedar un paco herido tras las revueltas callejeras. Tras habérsele dejado en primera instancia libre durante el transcurso de la investigación, Francisco Moreno ha quedado ahora en prisión preventiva, producto de la presión ejercida por el gobierno con tal fin. Y son decenas de Mapuche los que están en prisión tras juicios llenos de irregularidades y mentiras descaradas.

El último caso de patético montaje afecta al compañero Recaredo Gálvez, estudiante de la Universidad de Concepción, al que se le está acusando de "porte ilegal de armas e intento fallido de homicidio" de un verde, tras los enfrentamientos ocurridos en la misma universidad el jueves pasado, en los cuales también se solidarizaba con la comunidad de Dichato reprimida brutalmente durante la semana. Al "Reca" lo golpearon hasta la inconciencia y la evidente ridiculez de la acusación no fue obstáculo para que se le dejara en prisión preventiva en El Manzano. Difundimos la declaración que el mismo compañero envía desde la cárcel, sin antes dejar de señalar la importancia del desarrollo de lazos solidarios que nos permitan enfrentar efectivamente la creciente criminalización que se ve venir desde el estado/capital. No somos ilusos ni pensamos que como clase la legalidad esté a nuestro favor, pues sabemos que ésta se impone violentamente con el objetivo de contener los desbordes sociales cuestionadores y dar "orden" a la explotación capitalista. Pero tampoco podemos aceptar que personas sean enviadas a esas cloacas inhumanas llamadas cárceles (que las clases dominantes utilizan precisamente para encerrar la disidencia y el producto de la desigualdad social), por el hecho de ser parte de las respuestas sociales frente a las condiciones alienantes de esta no-vida, tenga su crítica los grados de coherencia que tenga. Cómo ya se ha hecho notar en otros espacios, aunque haya importantes diferencias tácticas entre compañeros/as anticapitalistas/antiautoritarios, hay que discutirlas afuera, una vez sacados/as de las cárceles a que la democracia los/as ha destinado.


¡Solidaridad activa con todos/as quienes sufren la represión y criminalización estatal!
¡Reca a la calle!


"Compañeras y compañeros:
En el paso de nuestras vidas nos enfrentamos a múltiples desafíos que nos hacen valorar y comprender cuál es el verdadero motivo de nuestro andar por estos caminos.
Es doloroso ver cómo las luchas justas que se asumen dentro de estos desafíos de la vida se criminalizan y sobre todo se combaten  por quienes desean mantener el poder que siempre han tenido. Ellos usarán cualquier método, desde la mentira hasta la más absoluta violencia, para evitar que construyamos la Sociedad Nueva que necesitamos y merecemos.
Nuestra lucha es justa y siempre lo será. Hoy no debemos desconcentrarnos y debemos seguir luchando. Si debo pagar por las mentiras de algunos, tengan presente que no me sentiré solo y sé que ustedes, compañeras y compañeros, continuarán creyendo las ideas que siempre busqué hacer palabra y acción.
El actual momento que atraviesa nuestro país es una oportunidad que no debemos perder para unificar las causas de nuestro descontento; sabemos que tenemos todas las herramientas para avanzar cada vez más firme hacia el amanecer esperado. No desperdiciemos las palabras, no dudemos en seguir saliendo a las calles a gritar nuestra rabia y, por sobre todo, no dejemos de organizarnos. Es el poder colectivo el único capaz de romper la opresión.
Fui detenido luego de la marcha y duramente golpeado al interior del bus de carabineros, hasta perder la conciencia. Desperté, sentado y esposado y con burlas en mis oídos. No supe el motivo de mi detención, sino en la Comisaría, varias horas después.
Cuando estuve en el Hospital, el médico de guarda increpó a Carabineros por la gravedad de los golpes sufridos en mi cabeza. Él ordenó que se me hiciera escáner y toma de rayos X, todo ello esposado, por orden de los uniformados y acompañado por un subteniente de Carabineros (Las esposas eran de propiedad suya). La preocupación de Carabineros se hizo evidente y trataron de sacarme rápidamente del Hospital. Un carabinero volvió acompañado de un médico distinto, sin identificación, quien se burló de la lucha estudiantil y dijo que lo mío no era nada y me recetó unos anti inflamatorios. Carabineros intentó que firmara una declaración del motivo de mi detención que se me indicó después de horas y en ese momento se me dijo que por atentado contra carabineros. No supe el resultado de mis exámenes.
Maltrecho como estaba se me hizo esperar largamente en la Comisaría y recién se me leyeron mis derechos. Se me preguntó recién de qué color era mi ropa, mientras un Carabinero iba diciendo las respuestas por teléfono y se me presionó para que declarara que usaba una capucha negra. Curiosamente en la posterior declaración del oficial que dice ser objeto de agresión por mi parte, dice textualmente lo que el Carabinero hablaba por teléfono en dicha ocasión.
Se indica además, detalladamente, que lancé al oficial una bomba Molotov, lo que es enteramente falso, pues jamás lancé tal objeto. En mi mochila “aparecieron” dos botellas de néctar, pero que no contienen restos de nada. En mi mochila no encontraron nada, porque no había nada. En mis manos no hay restos de sustancias incendiarias, porque jamás transporté ni lancé nada.
Si Carabineros mintió en un comienzo, ¿qué puedo esperar para el futuro de mi juicio?
Cómo no pensar que Carabineros decidió todo esto, es decir, mi caso, sobre la base de mis responsabilidades como dirigente universitario. Cómo no pensar en un ataque a los dirigentes identificados por ellos como los más entregados en pos del movimiento estudiantil. Cómo explicar la brutal golpiza a la que fui sometido y la sucia mentira que han organizado.
Lo que han hecho no es más que una forma burda de ocultar la desmedida fuerza represiva que está utilizando Carabineros, respaldados por el Gobierno, en contra de todo el Pueblo de Chile. Y en este camino de la vergüenza policial han decidido que soy responsable de homicidio frustrado. Las falta de pruebas en mi contra les caerá como una piedra en sus caras y la justicia les dará el castigo que merecen por mentir y tenerme preso.
La jueza, por su parte, decidió que debo estar en prisión por ser un peligro para la sociedad. Parece que hoy es ser un ser humano peligroso ser capaz de defender causas justas mediante la organización colectiva y transparente. Es un peligro para esta sociedad opresora que nosotros abramos los ojos y seamos capaces de parar la Educación, las poblaciones, los centros de trabajo. Parece que siempre será un peligro que los estudiantes develemos nuestra injusta y mala educación y luchemos por su cambio, que los trabajadores detengan sus trabajos por sueldos dignos y trato justo; que los pobladores se cansen de las migajas, injusticias y exijan una vivienda digna. Es un peligro para esta sociedad opresora que la educación, el trabajo, la salud, y la vivienda sean dignas y para todos. Es peligroso para la sociedad organizada por unos pocos que muchos pretenden crean un mundo nuevo.
Desde niño aprendí que es peligroso decir siempre lo que pienso y es más peligroso aún motivas a otros para que también lo hagan. Aprendí  que para triunfar lo mejor es demostrar claramente lo insuficiente de este mundo opresor, ganando mediante el debate y la democracia directa.
Hoy, el sistema me demuestra una vez más lo peligroso que soy y lo hace de forma más violenta, con golpes, mentiras y cárcel, privándome de la gente y del Pueblo que me da fuerzas.
Pero no estoy inquieto ni tengo temor porque sé que soy solo uno más, sé que fuera de estos barrotes hay cientos mejores que yo, así como algunos acá adentro.
Sé  que hoy mi nombre ha pretendido ser embarrado, pero las ideas que me hacen hombre libre no se alejarán de mi convicción cada vez más grande de luchar por un mundo mejor.
Compañeras y compañeros, amigos y amigas, hoy más que nunca en todo momento y en todo lugar, en cada sueño y en cada realidad.
SOLO LA LUCHA NOS HARÁ LIBRES.
RECA".
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martes, 19 de julio de 2011

Comunismo de consejos en chile: Laín Díez


En un texto de Comunización sobre el "marxismo olvidado", se referían a Laín Diez de la siguiente forma: 

"...Es curioso que, siendo precisamente eso lo interesante del comunismo de consejos, no se haya incluido en esta compilación ninguna referencia a Laín Diez, comunista-consejista chileno que en el marco de una intensa labor teórica, escribió a lo menos una quincena de artículos para Babel. Éstos incluyen análisis de economía política, esbozos filosóficos, correspondencia con libertarios de otras latitudes, comentarios sobre episodios de la historia social de Chile y traducciones de consejistas europeos como Paul Mattick. Con todo, y aun siendo de gran interés, estos artículos representan apenas una parte de la obra de Laín Diez, quien además de fundar un “Centro de Estudios Materialistas”, llevó a cabo, en 1948, la única traducción al castellano existente hasta hoy del libro “Lenin filósofo”, donde el comunista holandés Anton Pannekoek mostró cuán erróneas eran las concepciones filosóficas del líder bolchevique. Diez ofreció también interesantes interpretaciones de la Primera Internacional y de la Comuna de París, apuntando siempre a la superación de lo que él consideraba una separación abusiva e injustificada entre marxismo y anarquismo. El hecho de que un autor de la importancia de Laín Diez no haya sido incluido en una re-edición de Babel dedicada al “marxismo creativo”, da bastante que pensar acerca de los prejuicios que aún hoy siguen obstaculizando una comprensión amplia y desmitificada del movimiento social y del marxismo en Chile y en América Latina".

La edición del libro de Pannekoek por el Centro de Estudios Materialistas la encontré en el 2003 en la feria de libros usados de la Plaza O´Higgins en Valparaíso. Además de eso y los artículos de la revista Babel a que se refiere Comunización, no he encontrado muchas más referencias a Laín Diez, especie de "eslabón perdido" del marxismo revolucionario y libertario en Chile. 

En internet se encuentra el Prólogo que escribiera Diez para esa edición de 1948 de "Lenin filósofo" (traducción que fuera luego usada por los Cuadernos de Pasado y Presente en los 70, adjuntando en este cuaderno 42 un texto de Paul Mattick sobre Pannekoek, uno de Karl Korsch contra "La filosofía de Lenin", y otro claramente leninista -¿cómo para compensar?- de Althusser titulado "Lenin frente a Hegel"), que funciona muy bien como una adecuada y sintética introducción a las posiciones comunistas consejistas, además de defender ya desde ese entonces una superación revolucionaria de la dicotomía marxismo/anarquismo:

Prefacio de Laín Diez a su traducción de "Lenin, filósofo" de Anton Pannekoek

1. Pocos años antes de caer víctima del hierro asesino, Trotski estampaba su opinión sobre la literatura marxista en los términos siguientes:

“En las condiciones actuales, la etiqueta marxista nos predispone antes al recelo que a la simpatía. Íntimamente ligado a la degeneración del Estado soviético, el marxismo de los últimos quince años ha pasado por un período sin precedentes de decadencia y relajación. De instrumento de análisis y crítica, se ha convertido en instrumento de apologética barata. En vez de analizar los hechos, se preocupa de seleccionar sofismas en interés de clientes encumbrados” (1).

Este juicio, que se refiere a los partidos políticos vinculados al desarrollo de la que un tiempo fue, con razón o sin razón, la “Roma del proletariado”, es sin duda unilateral e incompleto. Lo primero, porque cierra sus ojos al renacimiento del marxismo en los grupos y corrientes ideológicos que se desenvolvieron y lucharon al margen del Estado soviético y en dura oposición contra sus panegiristas interesados. Incompleto, pues data el proceso degenerativo a partir de la consolidación en el poder de la burocracia staliniana. Pero hacer contemporánea la decadencia del marxismo de una fase artificialmente aislada del desarrollo que culmina con el proceso aquél, no es dar pruebas de imparcialidad objetiva ni de esa capacidad, que tanto echa de menos Trotski en sus adversarios, de utilizar el marxismo como instrumento de análisis y de crítica. Mas no interesan por ahora las razones subjetivas que limitaron el horizonte crítico y la libertad de juicio del gran revolucionario e historiador de la Revolución rusa.

2. En su aspecto ideológico, la evolución del fenómeno ruso tiene su origen en dos problemas estrechamente unidos en la práctica de la lucha social: el de la “conducción” del movimiento obrero, que involucra la tesis de la vanguardia necesaria, y el de la conciencia-intelecto en oposición a la conciencia espontánea. El primero es consecuencia del segundo, y ambos fueron tema de las discusiones que pusieron frente a frente a Lenin y a Rosa Luxemburgo en una polémica memorable. De más está decir que los hechos le han dado la razón a esta última y a ... Trotski, que a la sazón polemizaba junto a ella contra Lenin.

3. La relación entre la teoría de la conciencia-intelecto y la teoría de la vanguardia revolucionaria ultracentralizada, tal como se expresan en Qué hacer y en Un paso adelante, dos pasos atrás, de Lenin, ha sido analizada con minuciosa objetividad por Sprenger en su Sociología del bolchevismo, de la cual hemos traducido los capítulos pertinentes no hace mucho (2). Del análisis de Sprenger y otros se desprenden las siguientes conclusiones:

La teoría de la conciencia-intelecto es contradictoria. Por una parte, Lenin adhiere a la concepción mecánica del materialismo que no ve en la conciencia sino el reflejo del mundo exterior, y esto le hace subestimar el papel de la espontaneidad en la historia; por otra parte, en su concepción de la conciencia socialista, ésta no se identifica con el proletariado, sino con el aporte desde el exterior de la ideología de una “élite” intelectual burguesa, cuya misión es precisamente propagar el socialismo en la clase obrera. Las luchas y la experiencia histórica de esta clase no figuran para nada en el esquema leniniano, y la misión del proletariado es dejarse penetrar por esta propaganda y servir de instrumento a un buró político, única autoridad capaz de señalar los métodos y finalidades de la lucha.

La teoría de la conciencia-intelecto es, por lo tanto, fundamentalmente idealista, y su corolario, el partido político, vanguardia de revolucionarios profesionales, sujetos a una disciplina estricta, obedientes a una dirección centralizada, está emparentado ideológicamente y por sus métodos de acción con el jacobinismo. Con tales antecedentes no es de extrañar que el partido de Lenin en el poder se comportara como la versión rusa de una dictadura jacobina.

4. En cambio, la teoría de la conciencia espontánea es materialista. Sus raíces ideológicas ya están en Marx, se perfecciona con Rosa Luxemburgo y encuentra en Paul Mattick una expresión madura (3). Expresa lo que hay de espontáneo en el movimiento de clase obrero, en sus creaciones y método de lucha. Es el reflejo de la conciencia de los luchadores más sagaces y refractarios a la mediación eclesiástica dei partido, del movimiento que se materializa en los soviets y en los consejos obrero. El desarrollo de la teoría, enriquecido por las experiencias dé las luchas sociales de los últimos treinta años, conduce a conclusiones originales en sus aplicaciones inmediatas y en sus proyecciones al futuro, la organización de la sociedad comunista.

5. Tocante al primer punto, los “comunista de consejos” proclaman su oposición al Estado, al parlamentarismo y a todas las organizaciones de masa como los partidos políticos y sindicatos centralizados, en los cuales no ven sino gérmenes de nuevas desviaciones jerarquizantes y autoritarias, incubadoras de privilegios y dictaduras totalitarias. La unidad fundamental es el “consejo de fábrica”, versión occidental del soviet, que tuvo un principio de realización en Alemania, muy luego sofocado por los esfuerzos convergentes de la reacción socialista-militar y de la III Internacional bajo Lenin.

6. En cuanto al segundo punto, cómo es posible organizar la producción en conjunto y la distribución sin recurrir a un poder central, sin Estado, la solución de los comunistas de consejos es ingeniosa y, teóricamente, inobjetable. La forma de operar con el tiempo social medio de trabajo como unidad contable para fijar la participación individual en el consumo, satisface las exigencias igualitarias de la época de transición hacia una economía de abundancia, con un mínimo de trabajo estadístico y sin reconstituir un sistema monetario encubierto (4). La fórmula que condensa el criterio distributivo presenta una estructura que implícitamente reconoce la realidad del organismo social. Refrena en esta forma las tendencias de un individualismo extremo expresadas en las consignas de “la mina, a los mineros”, “el campo, a los campesinos” y otras por el estilo, en que podrían desahogarse los viejos hábitos de apropiación con grave peligro para la existencia misma del principio comunista. Pero esta valla de ninguna manera coarta la iniciativa y la autonomía de las diversas unidades de producción.

7. Se comprende que una organización de la sociedad sin mecanismos políticos compulsivos; sin la acción coercitiva del Estado; compuesta de unidades relativamente pequeñas, los consejos, de gran autonomía, debe presentar en la práctica tendencias centrífugas, por lo menos durante una fase transitoria del desarrollo, que podrían crear dificultades a una acción de conjunto cuando ésta fuese requerida por proyectos de gran envergadura y larga ejecución. Estas tendencias no pueden combatirse por medios mecánicos o externos. Renunciar a ellos es el precio de la libertad dentro de la igualdad. Pero esto impone la urgencia de vigorizar los lazos espirituales entre los miembros de la comunidad de productores. De ahí la importancia de una filosofía coherente que suscite un mismo convencimiento íntimo en las voluntades de todos los asociados en el trabajo creador. Y esta filosofía debe contemplar normas de convivencia, una ética de productores libres, capaz de arraigar en las conciencias el respeto hacia todas las ideas, y en la conducta, la práctica de controversias de un elevado tono social. Es oportuno citar a Dietzgen:

El hombre individual se siente incompleto, inepto y corto bajo muchos aspectos. Precisa de sus semejantes y de la sociedad para complementarse. Por lo tanto, si quiere vivir, debe dejar vivir. Las concesiones mutuas que surgen de tales necesidades relativas, eso es la moralidad. (5).

8. Hemos resumido a grandes rasgos las nociones fundamentales del comunismo de consejos. Considerando los conceptos de acuerdo con su generalidad decreciente, nos encontramos con la siguiente sucesión: materialismo (filosofía); espontaneidad (teoría de la conciencia social); comunismo (teoría económica de la producción); consejos obreros (teoría de la lucha social). Claro está que en su propaganda los comunistas de consejos siguen el camino inverso de lo particular y concreto a lo general y abstracto, conforme a un método de sana comunión social, y porque hay que partir al fin y al cabo de los datos de la realidad inmediata, de la lucha elemental por el pan nuestro de cada día, por condiciones de vida más humanas y por las libertades individuales, hoy tan menoscabadas, hasta llegar a una visión amplia y armónica del mundo, la herramienta emancipadora definitiva.

9. Se comprende ahora por qué ha encontrado un eco simpático el comunismo de consejos en los sectores anarquistas. La oposición al Estado y al parlamentarismo; el rechazo de toda colaboración de clase y el repudio a los partidos políticos; la postura crítica frente a las organizaciones de masa jerarquizadas; todo eso debía inevitablemente provocar un acercamiento. Era un marxismo regenerado, que sabía extraer de Marx lo que la pasión y ceguera políticas de los partidos autoritarios, de índole reformista o jacobina, dejaron olvidado y sin aplicación. Como, por otra parte, se producía una evolución similar en el anarquismo, tras largos años de estagnación ideológica, asistimos hoy al espectáculo de un afán sincero por establecer lazos que auguran una síntesis próxima y la reconciliación definitiva de las dos tendencias de la I Internacional que resumen todas las luchas y esperanzas de la clase obrera y de la humanidad (6).

10. En consecuencia, debemos modificar el juicio crítico de Trotski apuntado más arriba, con este otro de Karl Korsch:

En las discusiones fundamentales referentes a la posición integral del marxismo de hoy, en todos los grandes problemas decisivos, la vieja ortodoxia marxista de Karl Kautsky y la nueva ortodoxia del marxismo ruso o leninista, pese a mezquinas y subalternas controversias pasajeras, estarán solidariamente juntas de un lado, y todas las tendencias críticas y progresivas en la teoría del actual movimiento de la clase obrera estarán del otro (7).

Laín Díez, Santiago de Chile, 1948.

Notas [indicaciones bibliograficas en la edicion Ayuso, Madrid 1976]

1) Harold R. Isaac, The Tragedy of the Chinese Revolution, Secker & Warburg, Londres, 1938, p. XI.

2) Rodolfo Sprenger, El bolchevismo, Santiago de Chile, 1947.

3) The Inevitability of Communism, Polemic Publishers, Nueva York, 1935.

4) “What is Communism”, Council Correspondence, octubre, 1934, Chicago, 111.

5) Josef Dietzgen: The Nature of Human Brainwork, en The Positive Outcome of Philosophy, Ch. H. Kerr & Co., Chicago, 1928, p. 158. (La edición alemana es de 1969), [versión castellana: El trabajo intelectual humano, Ed. Sígueme. Salamanca].

6). Hay numerosos documentos de ese nuevo estado de espíritu en las revistas Freedom, Le Libertaire, Freie Sozialistische Blätter, Southern Advocate of Council Communism, La Obra (Buenos Aires), etc.

7) Karl Korsch Marxismo y Filosofía, citado por Mattick en su obra precitada, p. 35.

(El libro "Lenin Filósofo" se puede encontrar AQUÍ)

viernes, 15 de julio de 2011

Estudiantes... Proletarios/as...

¡LUCHEMOS COMO LO QUE SOMOS!

Compañero/a: vivimos en una sociedad que está determinada por la permanencia y existencia del capital y la propiedad privada, nuestra vida gira en torno a ello, a comprar y vender, a producir y consumir, a buscar (como dé lugar) el dinero. Sin dinero no vales, no eres nada, y para conseguirlo vas a tener que vender tu fuerza e inteligencia durante 8, 9 o 10 horas a un burgués. Los escolares, los estudiantes o en general los sectores que no están trabajando para otros, ni siendo “directamente explotados” tienden a creer que no pertenecen a ninguna clase social. Hasta muchas veces escuchamos decir que “los estudiantes somos pequeños burgueses”, pero es necesario que comprendamos realmente cual es nuestra situación, nuestra condición social, veamos bien qué papel jugamos (o jugaremos) en esta sociedad mercantil.
No será que si salimos a las calles, luchando por obtener un futuro estable, una “educación” de mejor calidad, “más oportunidades”, etc., es porque justamente la vida que llevamos no nos asegura nada. No será entonces que pertenecemos a la clase proletaria. ¿Pero quiénes son los proletarios?, ¿los obreros?, ¿los pobres?, ¿los que viven en barriadas o “invasiones”?. Los proletarios somos todos quienes no contamos con una propiedad o negocio del cual obtener dinero y por lo tanto tenemos que vender nuestro tiempo y energía a un jefe o patrón. En definitiva, nos vemos forzados a trabajar, y nuestro trabajo es la base de esta sociedad. No somos una simple categoría social, somos una maldita realidad. El trabajo y la sociedad que se desarrolla en torno a él nos alienan y hacen miserable nuestras vidas. Vivimos para ‘ganarnos la vida’ y la vida que ‘ganamos’ la derrochamos en la lucha diaria por sobrevivir sin satisfacer nuestros verdaderos deseos y sus necesidades planificado por los economistas y el Estado. Asumirnos como proletarios no tiene nada que ver con esos ridículos esfuerzos por “construir identidad”. Nadie elige ser proletario. Uno nace proletario como se nace siendo esclavo, o bien es proletarizado por las fuerzas ciegas de la economía; y en ambos casos no hay nada de qué enorgullecerse. Y justamente esta condición de desposeído, de creador mundial de la “riqueza social” nos empuja a la lucha, a la protesta; a la transformación de este mundo.
Todo lo que socialmente se designa por educación y cultura está destinado a producir trabajadores con conciencia de ciudadanos, proletarios con ideología de “hombres libres”, productores con la ideología de “consumidores”. A los hijos de proletarios que van a la escuela primaria, secundaria y/o universitaria se les oculta que son parte de una clase reproduciéndose como esclava. Al mismo tiempo y paralelamente, se les va imponiendo, desde el jardín o los primeros años de escuela, elementos indispensables para aceptar luego la disciplina de la oficina, la fábrica o el supermercado: disciplina y orden escolar, horario de trabajo, recreación como corta suspensión entre dos tiempos de trabajo, volver a la casa para reproducir sus energías para soportar más escuela y luego más trabajo.
Al final como estudiantes, como parte de la clase proletaria, estamos obligados a repetir la frase que nos impone el sistema: “estudio para poder trabajar en lo que quiera”. Como si fuera posible elegir un trabajo fuera de la lógica del sistema capitalista. Toda la actividad impuesta llamada trabajo, ya sea de los proletarios que han podido estudiar o de los que no, está reducida a la reproducción de este sistema. Estamos obligados a vendernos a los patrones, dejar nuestras energías, alegrías, vida en las mercancías, en el dinero que acumulan los burgueses a costa nuestra.
Debemos rompen la mistificación que se hace entonces del “Movimiento Estudiantil” como si los estudiantes tuvieran un movimiento propio, como si ello tuvieran interés propios que los alejan, sectorizan y dividen de sus hermanos de clase. Escuchamos decir “los estudiantes quieren tal cosa o reclaman tal otra”… ¡Como si pudiesen tener intereses propios de estudiantes y nada más! Todas las ideologías sobre la originalidad del “movimiento estudiantil” expresan los intereses de la clase dominante, su deseo de que exista entre ella y “el proletariado” una categoría sin clases que sirva de amortiguador, de colchón social. ¡Como si en una época de esta vida los seres humanos pudieran reproducirse sin pertenecer a ninguna de las clases! ¡Como si por el hecho de ir a la universidad se diluyera la pertenencia a una clase social!
Como estudiantes universitarios, indefectiblemente nos convertiremos en los esclavos de categoría del sistema; nuestros estudios nos habrán otorgado la posibilidad de acceder a trabajos que se le niegan al resto. Sin embargo, nuestro accionar como profesionales conlleva indefectiblemente el sometimiento cada vez mayor del resto de la población. Los ingenieros aumentaran el índice de producción por persona, reduciendo la cantidad de gente necesaria para los trabajos, aumentando así la desocupación y las ganancias del capital. Los médicos alargarán la vida de los trabajadores, haciendo más barata la mano de obra. Los profesores formarán nuevos trabajadores calificados, los psicólogos les harán soportable esta vida de sometimiento, los periodistas les dirán que la mejor manera de pensar es la de los poderosos, los filósofos les explicaran sus miserias. Cada uno de ellos gastará su sueldo en comprar cosas que implican la explotación de otros, y así circularmente.
Reconocernos como proletarios implica luchar como tales. Reconocer la explotación en nuestras vidas, en vez de pensar que los explotados viven en algún otro barrio más pobre que el de uno, no pasa por una cuestión de egoísmo o altruismo, sino que es necesario para poder construir con cualquier otra persona, la organización que nos permita luchar por nuestra libertad, no desde la superioridad del profesional, sino desde la humildad del simple humano.
No luchamos como estudiantes (a pesar de que muchos vamos al colegio o la universidad) luchamos como parte del proletariado. Nuestro fin no es ganar un poco más, no luchamos por más dinero, por cambiar a algún político o por reformar las políticas estatales, nuestra lucha es por abolir la relación social de explotación y dominación que nos impone el mundo del dinero y las mercancías. No negamos las reivindicaciones que expresa y defienden nuestra clase para no morir. Luchar para que no te bajen el salario o para trabajar menos horas sirve para recuperar lo que nos roban todos los días y  para comprendernos como una unidad con intereses antagónicos a los de este sistema. Hay mucho qué discutir, mucho por hacer. El camino para liberarnos de las cadenas impuestas, por este sistema burgués, sólo podrán ser destruidas con nuestra lucha, con nuestra unidad, fuera de siglas, fuera de etiquetas. Sólo podemos confiar en nosotros mismos, la transformación social no podrá venir desde arriba, desde lo que tienen el poder en sus manos, el poder de imponernos un mundo que no nos pertenece, pero que se alimenta de nuestras vidas.